Senegal 2018

En construcción

El plan

Me había planteado un plan ambicioso para el viaje, que ni yo mismo me creía. Ya sabía cómo son las cosas en África, por sus carreteras, sus problemas políticos, sus cambios constantes… Así que mi plan de hacer Marruecos, Mauritania, Senegal, Guinea, Costa de Marfil, Ghana, Burkina Faso, Malí, Senegal y vuelta por Mauritania y Marruecos era, sencillamente, imposible de cumplir. Pero bueno, aún así, era mi plan y quería ver hasta donde podía llegar yo, la moto, mi aguante y mi paciencia.

De Madrid al ferry de Tarifa

El día de salida ya se me torció la cosa. Por aprovechar los días, literalmente salía después del trabajo. Y es que me llevé la moto cargada hasta las trancas, todo el equipo puesto y a las 15:00 del viernes salí escapado… Bajo el «por día de los últimos 25 años» (lo entrecomillo porque todos los años tienen un día que es el peor de los últimos 25). No me quejo, viento, lluvia y hasta -5º pillé, así que llegué a mi hostal en Tarifa tiritando, seco gracias al traje Enduroguard, pero helado. Menos mal que a 10 metros del hostal tenía un restaurante donde me puse fino a cerveza, sabiendo que me iba a costar encontrarla en unos días. Cenita rápida y la cama, que al día siguiente tenía el ferry bien temprano (a Tánger Ville).

Los primeros problemas serios

El ferry lo tomé sin novedad, salvo que no me enteré de que el pasaporte se sellaba en el mismo barco. Un error que me causó un montón de problemas. Bajé del ferry con la moto y me dirigieron al control de vehículos. Cuando llegué, me pidieron pasaporte y me preguntaron que dónde estaba el sello… Les pregunté que dónde me lo ponían, pensando que eran ellos mismos, y me mandaron de vuelta al barco. Pero al llegar al barco, ya no me dejaron subir.
Tuve que volver a salir y preguntar, y me dirigieron a otras oficinas. Al llegar el oficial estaba de mala leche, como diciendo «tengo que currar porque este payaso no se ha enterado de que en el barco se lo hacían».

Al ver mi pasaporte, buscó mi número de identificación de extranjeros, que es el número que te dan la primera vez que visitas Marruecos, anotan en tu pasaporte y que tienes que saberte para las siguientes veces. El hombre teclea algo, empieza a negar con la cabeza y me dice que no, que ese número no se corresponde con mi pasaporte. Le digo que yo qué sé, que eso lo ponen ellos…. Y me dice que pase la moto por el escáner. Me voy donde pasan los camiones y espero a que llegue mi turno del escáner. Vuelvo a la oficina, el tío vuelve a comprobar y que no, que espere, que tiene que venir un oficial superior. A la media hora le digo que qué pasa y me dice «Pasa la moto por el escáner». Con esta gente, mejor obedecer, así que otra vez al escáner. Vuelvo y que espere. 45 minutos más tarde, le digo que qué coño pasa, que si viene el oficial o qué hago yo allí. La respuesta os la podís imaginar, que me fuera al escáner y pasase la moto. No soy muy despierto, pero pasando el escáner por tercera vez comprendí el mensaje. Así que pasé el escáner, ya saludando a todos, y esperé.

Por fin vino el oficial, miro el pasaporte, le dijeron que había pasado tres veces el escáner y me dijo en español «Dónde vas?». Le expliqué mi ruta y me dijo «Este número está mal, no es tu pasaporte. Te voy a dejar pasar, pero que sepas que si sales de Marruecos por el sur, ellos no te van a dejar pasar, no son como nosotros que os conocen». Con la felicidad de ponerme por fin en marcha no pensé mucho, le dije que vale, vale y entré en Marruecos.

Paré a poner en el GPS el primer waypoint que tenía guardado, rumbo al sur… Y la respuesta del GPS fue «No se puede calcular la ruta». Probé con varios waypoints, y no había manera… Finalmente, le puse que fuera a Marrakech… Y seguía sin calcular ruta. Me acojoné, la verdad. Por las grnades carreteras, sin problemas, llevo mapas… ¿Pero y para moverme por las caóticas ciudades de África? ¿Y para encontrar hoteles, gasolineras, los puntos remotos que quería conocer?

También me puse a pensar en lo del pasaporte. ¿Si salgo del país por Mauritania, y a la vuelta no puedo entrar en Marruecos?

No sé dónde arreglar lo del pasaporte, pero decido irme a Rabat. Suponiendo que allí hay un ministerio o algo donde me pueden mirar esto. No me arriesgo y decido ir por las autopistas de peaje que, aunque caras, son magníficas y te dejan ir muy rápido. Las odio, pero cuanto antes llegara, mejor. Lo malo es que a alta velocidad, la Triumph come que da gusto, así que pronto me quedo en reserva. Paro en una gasolinera y lleno. Voy a pagar y no me funciona la tarjeta de débito. Cojo otra de crédito y no va tampoco. Pruebo con una Mastercard y tampoco. Pago en efectivo y no me preocupo mucho, pensando que será cosa del TPV de la gasolinera.

En la siguiente me pasa lo mismo y ya ando un poco con la mosca detrás de la oreja… Llevo 300€ en efectivo, así que mejor voy sacando dinero. Me salgo de la autopista y en la primera ciudad que entro, busco un cajero. Todas las tarjetas me dan el mismo error «Tarjeta ilegible». Empiezo a pensar… Aquí no van con chip, todas funcionan por banda magnética. No hay contactless. Banda magnética… No puede ser que lleve 3 tarjetas y las tres tengan la banda magnética jodida… A no ser que… Me quedo pálido cuando recuerdo al policía de la frontera diciendo «Pasa el escáner». Porque, gilipollas de mí, cada vez que dejaba la moto para el escáner, por no andar cargado, dejo encima casco y chaqueta. Ato cabos y empiezo a pensar en si el escáner ha jodido las tarjetas…

LLego a Rabat y pregunto a ver dónde puedo arreglar algo. Pierdo horas hasta que alguien me entiende y me dice dónde está una especie de ministerio del interior… Pero me dice que es sábado. Mierda!!! Pero cómo no he caído en eso!!!

Me pido una CocaCola y me pongo a pensar qué hago. No me funciona el GPS, es probable que no funcionen mis tarjetas de crédito y me quedan 250€ en el bolsillo… Y no sé si mi pasaporte me va a dejar entrar en Marruecos si salgo por el sur. ¿Qué hago? Y, todo esto, en mis primeras 8 horas en el país. Pero no, no puedo rendirme. No puede ser que el primer día tenga que volverme. Decido seguir bajando y que sea lo que Dios o Alá quieran.

Salgo a la carretera, evitando autopista por ahorrar unos euros de los caros peajes y retomo camino al sur. Por no parar a revisar el mapa, la cago en un cruce en Casablanca y veo «Marrakech – Agadir». Sabiendo que Agadir está en la costa, me creo que ese es el camino. Pero esto es como si estás en Alicante y quieres ir a Barcelona y ves un cartel que pone «Madrd – Barcelona». Claro que se puede ir a Barcelona pasando por Madrid, pero hay mucho menos si subes directo…

El caso es que me sucede lo que siempre intento evitar… Se me hace de noche entrando en Marrakech, ciudad a la que le tengo especial manía, porque representa el Marruecos más turístico y pesetero. Sigo las señales hasta el centro y empiezo a ver policía y militares. Muchos, muchísimos. Un control, otro, y otro.. Me agoto, a veces me paran tan seguido que todavía puedo ver al policía del puesto anterior, porque no he podido hacer ni 100 metros. Veo una señal que pone Hotel y me meto sin pensarlo. Llego y se trata del Club Med, que es solo para socios y no admite viajeros. Le pregunto al del hotel dónde puedo dormir y me dice que va a ser imposible, que viene el rey Abdullah de visita y Marrakech está a reventar… No puedo evitar pensar en el regreso a casa. Pero tiro adelante, paro en varios hoteles y no hay plaza. Finalmente decido meterme en la medina, el casco antiguo. Sé que eso está lleno de riads y que alguno tiene que tener sitio.

Entrar en la medina es un error. Es un laberinto, no llevo GPS. Pronto se estrechan las calles y la empiezo a liar parda. En alguna hasta tengo que desmontar maletas para girar. El calor, la gente gritando, la Triumph quejándose… Pregunto y repregunto hasta que un chaval hace una llamada y me dice que le siga. Él andando y yo detrás voy pasando por calles tan estrechas que en una tienen que ayudarme a girar la moto a pulso para doblar una esquina. Menudo numerito estoy montando. Finalmente llego a un riad donde tienen habitación. Es precioso… Y viendo lo bonito que es, que no hay otra cosa disponible… 90€ la habitación después de regatear (me pedían 130€).

Esa noche, con la moto durmiendo en un garaje, me pego una ducha, ceno algo invitado por el dueño del riad (lo que me lleva a pensar que a pesar del regateo me ha sacado lo que no está escrito) y me acuesto moralmente muy bajo y, además agotado.

Rumbo al desierto

Por la mañana me levanto pensando en que hay que echarle huevos y tirar. Es el primer día de un viaje a un sitio difícil, y no peude ser que ya me rinda. Y si no se puede, pues no se puede.

PEro vuelvo a desanimarme un poco, aunque esta vez ya me tengo que reir. Yo meto el equipaje en bolsas de esas que se hacen al vacío. Antes me organizaba a modo de una bolsa por día. Es decir, metía en una bolsa un calzoncillo, una camiseta normal o térmica y unso calcetines. Pero en este prefería una bolsa de calcetines, una de camisas, una de calzocillos… Pues preparando la ropa del día siguiente en el hostal de Tarifa, saqué la de los calcetines y se debió meter debajo de la cama o algo, porque no la encuentro en la maleta. Así que toca repetir calcetines.

Saco el mapa, miro bien la ruta y pongo rumbo al sur. Yo voy a seguir, y si tengo que volverme, pues me vuelvo. Autovía «enchufado» mientras aprovecho para pensar qué puedo hacer para tener dinero. Obviamente, buscar una sucursal de mi banco es tontería. Abrirme una cuenta en algún banco africano y hacerme transferencias puede ser una solución, pero tendría que buscar un banco que tuviera sucursal en todos los países. Pedir duplicados de las tarjetas y que me las manden a algún hotel para que lleguen antes que yo… En esas estoy pensando cuando llego a Agadir y decido parar a comer. En un semáforo veo una oficina de Western Union… Leches, es verdad, puedo mandarme dinero a cualquier parte del mundo! Puede ser una posible solución, porque Western Union está por toda África… Con una preocupación menos, busncado un sitio para comer, se para al lado un policía en moto. Mira la matrícula y me saluda en español. Le devuelvo el saludo y en lo que se pone en verde el semáforo me pregunta de dónde soy, a dónde voy… Todo en un español bastante bueno. Me dice que qué estoy buscando y le digo que, ahora mismo, un sitio bueno para comer. Me dice que le sigue y tal y como ya me sucedió en Turquía, me encuentro cruzando el típico tráfico marroquí escoltado por un policía.

Me lleva a un restaurant y le agradezco el favor, le pregunto cómo es que habla tan bien español y me dice que está casado con una canaria, que estuvo unos años en España… Termino invitándole a comer y acepta. Vamos hablando de mi viaje y le cuento el problema que he tenido a la entrada, con el dichoso número de extranjero. Mientras nos tomamos un té, me dice que vamos a comisaría y vemos qué se puede hacer. Terminamos hablando de Madrid, de Marruecos, de motos… Y al acabar, vuelvo a seguirle. Al entrar en comisaría, veo que todo el mundo le saluda muy formal. Yo, como no tengo ni idea de rangos policiales y menos si son de Marruecos, pues no me había ni enterado de que era un «pez gordo». Vamos a un despacho y habla en árabe con otro policía. Con mi pasaporte delante, les veo delante de un ordenador, hablando. En una de esas me llama, que pase al otro lado de la mesa. Y ahí veo el error… El sello del pasaporte no está muy claro, y hay un 6 que en realidad es un 8. Ese es todo el error.

Lo corrige a boli, pone un sello de la policía y anota algo en árabe junto con un número. Me dice que básicamente ha puesto que el número estaba mal, que si hay cualquier duda o problema se pongan en contacto con el comisario de Agadir.

Salgo de la ciudad con un sentimiento de euforia. Un problema menos! Sigo rumbo al sur y paro un poco antes de lo previsto, pues arreglar el incidente me ha quitado bastante tiempo. El problema de bajar hacia el Sáhara occidental es que las ciudades empiezan a estar muy separadas entre sí y hay que tener cuidado. Si apuras, lo mismo tienes una hora hasta la siguiente ciudad, así que mejor parar. En mi caso, lo hago en Tan-Tan, una pequeña ciudad costera dedicada sobre todo a la pesca, aunque tiene un buen número de hoteles por contar con unas buenas playas…. Y por dos hechos bastante inusuales. Primero, que están construyendo una central nuclear y, segundo, que los americanos están construyendo su mayor base militar de África. La parada resulta un éxito, porque encuentro un hotel barato, regentado por un canario. Son extremadamente amables y me dejan meter la moto dentro y me acompañan a dar una vuelta por el pueblo. Me cuentan que, sobre todo, son famosas las sardinas a la parrilla, como atestiguan los numerosos puestos que veo. Mi compañante, uno de los recepcionistas del hotel que ha terminado su turno, se ofrece a acompañarme a cenar y me lleva a un puesto donde me tomo media docena de sardinas recién pescadas por un euro y medio. Y me die que no debía haber pedido la cocacola, que la tienen muy cara!

Aunque le invito a cenar, lo cierto es que solo me acepta una botella de agua y tenemos una conversación bastante animada. De vuelta al hotel, llegamos cuando la familia está cenando, me obligan a sentarme en su mesa y medio en inglés, medio señas, medio francés… Pues me vuelven a dar de cenar. Estas cosas la verdad que te avergüenzan, porque siempre vas con la mentalidad de que «algo querrán…», pero luego ves que nadie pide nada, que simplemente son amables, y te sientes bastante culpable. Que hay moros «buscavidas» es algo obvio. Pero que hay muy buena gente, también.

Ya de vuelta a mi habitación, me doy de alta en Western Union, pero cometo un error… Y es que piden un «documento de identidad español válido» que debes mandar fotografiado. Y voy yo y me hago una foto del pasaporte, en lugar del DNI. En fin, que me niegan el registro, lo reintento, no puedo… Al final no me queda otra que tirar de familia. Le pido a mi hermana que se registre y sea ella la que me mande el dinero. Lo hace en pocos minutos y tirando de tarjeta me hace el primer ingreso que puedo recoger al día siguiente en cualquier oficina de Marruecos. Otro problema menos!

Salgo a dar un paseo por las tranquilas playas y me quedo ensimismado viendo la llegada de las barcas pesqueras que traen la faena. Y así, un poco más tranquilo, me voy a la cama, pensando que al día siguiente iba a entrar en el Sáhara Occidental.

Entrando en el Sáhara occidental.

Desayuno tranquilo el riquísimo desayuno marroquí, que te da energías para un buen rato. Despliego mapas y veo que tengo un problemilla de distancias. Como ya he dicho, el problema de esta zona son las largas distanccias entre ciudades. Veo que con los retrasos sufridos, estoy a unos cientos de kilómetros de donde debería haber dormido. Se me plantea una dilema. Puedo hacer una machada de kilómetros, que se me haga de noche, y recuperar el «ritmo». Pero la verdad que me encuentro cansado. Creo que, sobre todo, el haber ido preocupado por el tema del dinero, del pasaporte y del GPS, junto con las largas tiradas de moto que llevo, hacen que decida que el día siguiente vaya a ser «flojo». Prefiero rodar menos y descansar un poco, porque esto es solo el inicio y la parte fácil del viaje. Así que ese día va a ser suave y solo voy a rodar unos 300km.

Relajado, lleno el depósito y me pongo en marcha. Por fin entro en el Sáhara Occidental. Como cada vez que he tenido la suerte de rodar por un desierto, quedo impresionado. Lo cierto es que es todo recto, sin que haya absolutamente nada que ver, pero a mí me impresiona. Me pongo mi música, pongo el control de crucero y sin dejar de concentrarme en la carretera (de vez en cuando hay dunas que invaden el asfalto) voy recorriendo los kilómetros. Paro bastantes veces a adentrarme por algún camino hasta la espectacular costa e, incluso, me meto con la moto hasta la arena (quedando atrapado, claro) y me doy un baño en pelota picada, dado que no se ve un alma alrededor.

Aquí tengo «otra de las mías», y es que el día anterior, comentando que estoy más o menos a la altura de las islas Canarias, alguien me comenta que tenga cuidado, que en estas aguas hay tiburón blanco. Y en esas estoy, en pelotas en el mar, cuando aparece un tío no sé muy bien de dónde. Empieza a hablarme en árabe y francés y no entiendo nada, solo le veo que se pone la mano en la cabeza, con un signo que si has hecho buceo significa «tiburón», haciendo como si tuviera una aleta en la cabeza. Yo me acojono, claro, me pienso que me dice que me salga, que un tiburón me va a comer la colita, así que salgo pitando y el árabe se queda asustado cuando me ve salir corriendo con toda mi sardina española al aire. Me visto y vuelvo a la carretera… Y en esas que empiezo a acordarme de las crónicas de algún viajero que decía que había acampado en la playa y que siempre se acercaba alguien a ofrecerle pescado. Y ahí empiezo a car… Que no, que el tiburón no me iba a comer la sardina, que en realidad este hombre me estaba diciendo si quería pescado…

Continúo por el parque natural de Khenifiss, parando para ver el ferry abandonado de Tarfaya y bordeando la preciosa costa. El mar a la derecha, el desierto a la izquierda… No solo no se me hace pesado pese a ser casi todo recto, es que en realidad disfruto muchísimo del camino. Casi me da pena cuando llego a el Aaiun, que resulta ser una ciudad de un tamaño respetable. Cojo una habitación económica junto a la estación de autobuses y una vez duchado y con unos vaqueros, vuelvo a coger la moto para «turistear» por ella.

Mi primer objetivo es conseguir calcetines. La temperatura ya se va acercando a los 35 y he pegado buenas sudadas con el traje de la moto, así que mi único par de calcetines pide auxilio. Busco una mercería y pongo en el traductor de Google «Calcetines». Muerto de risa entro, pensando «verás este cuando vea aparecer a un guiri en moto, a comprar 6 pares de calcetines». Entro, shalam, shalam, le enseño la pantalla del móvil, me mira el pie, dice «blanc o noir», le digo «trua blanc, trua nuag», saca los 6 pares, me dice el precio y adiós. Ni una cara rara, ni una sonrisa, nada. Como si le pasara a diario. Qué cosas.